Como cada año, en los meses de enero y febrero comienza la floración de los almendros. Éstos se pueden encontrar en el municipio de Santiago del Teide, que con sus flores blancas y rosadas crean manchas coloridas en las huertas del valle, y en las huertas abandonadas entre las lavas negras del Chinyero. (Foto 1).

El almendro es un árbol caducifolio de la familia de las rosáceas que puede alcanzar los cinco metros de altura; sus hojas lanceoladas al caer, crean una alfombra de tonalidades amarillentas y marrones en la base del almendro.

La ruta del almendro en flor ha ido ganando reconocimiento con los años, y no es de extrañar, debido a sus contrastes. Durante el recorrido, que comenzaremos en la plaza de Santiago del Teide, podremos observar la arquitectura tradicional canaria, molledos, fincas con viñedos, tuneras, almendros e higueras, las negras coladas de lava del Chinyero, flora canaria y finalmente el barrio de Arguayo, donde encontraremos un lagar, los lavaderos y el centro alfarero y museo etnográfico Cha Domitila. (Fotos 2 – 4).

El Roque del Conde es un domo volcánico que pertenece al Espacio Protegido Reserva Natural Especial de Barranco del Infierno. El espacio limita al norte con el Parque Natural de la Corona Forestal y al noreste con el Paisaje Protegido de Ifonche. Su formación geológica está encuadrada dentro del macizo de Adeje que, con el de Anaga y Teno, constituyen las partes más antiguas de Tenerife.

Debido a su antigüedad, la acción de la erosión ha ocasionado sus paredes escarpadas; su cima forma una pequeña planicie con restos de bancales. El Roque del Conde, también es conocido como Roque de Ichasagua en recuerdo al jefe guanche que resistió alzado varios años en estas cumbres después de que hubiera terminado oficialmente la conquista de Tenerife en el año 1496. En el Roque hay algunos restos de grabados aborígenes.

Los primeros castaños que se plantaron en Canarias fueron introducidos en La Gomera y El Hierro por los señores feudales, a mediados del siglo XVI el primer Conde de La Gomera, D. Diego de Ayala, ya poseía castañeros viejos en la “Corte del Conde”. También en Gran Canaria y La Palma se introdujeron poco después de su conquista. La introducción del castaño en Tenerife debió ser algo posterior, ya que fue la última isla en ser conquistada (1496). A partir de ese momento, los bosques tinerfeños sufrieron talas muy intensas. Las tierras más productivas se dedicaron a cultivos ordinarios, mientras que las más agrestes fueron plantadas con castaños y otros frutales. El Adelantado, consciente de que la falta de masas arbóreas provocaría el desecamiento de los nacientes, ordenó a los vecinos que recibieron repartimientos de tierras en las medianías del norte, que plantaran castaños. La desaparición del monteverde fue paliada por una franja de castaños de unos dos kilómetros de ancho, que se extendía desde Tacoronte hasta Los Realejos. El geólogo alemán Leopold von Buch, que visitó Tenerife en 1815, escribió que los mejores castañares se encontraban en la zona de Aguamansa. Por esa época, ya eran famosos algunos castañoss de gran envergadura, de los que se decía que habían sido plantados en tiempos de la Conquista. El del marqués de La Candia, situado en la misma villa de La Orotava, tenía el tronco hueco y medía a ras del suelo “18 varas y dos tercios de circunferencia” (casi 16 m.). Curiosamente, con el paso del tiempo el viejo tronco se partió, y de su interior surgió un nuevo castaño, pero no duró tanto como su progenitor. En la finca La Hondura, perteneciente al marqués de La Florida, también había otro gran castaño, hoy desaparecido, conocido como “El Confesionario”, por tener un gran hueco que le daba ese aspecto. Pero entre todos ellos, destaca el “Castaño de las Siete Pernadas”, un enorme ejemplar situado en los llanos de Aguamansa, cerca de Los Órganos. Según algunos autores, en esos llanos hubo un “bailadero” o “baladero”, un lugar a donde acudían los guanches en épocas de sequía a bailar y a hacer balar a sus cabras para pedir al cielo que lloviera.

Al noroeste de Tenerife se encuentra el bello y tranquilo municipio de Los Silos. Su nombre, Los Silos, figura por primera vez en un albalá fechado en 1509, aunque se considera que su fundación fue a finales del siglo XV. La Villa de Los Silos fue un lugar eminentemente agrícola por lo que muchos de sus elementos patrimoniales tienen una relación directa con la agricultura, como; el Ingenio Azucarero, Caseríos aislados o la Hacienda de Daute del siglo XV, actualmente desaparecida. Así mismo, la vida católica ha dejado elementos patrimoniales como la Iglesia de Nuestra Señora de La Luz, construida en el siglo XVI; el ex-convento de San Bernardo del siglo XVII, la Virgen de La Luz, el Cristo de la Misericordia o el Retablo del Martirio de San Sebastián. La arquitectura civil tiene también presencia en el municipio, con elementos como el Quisco de la Plaza de La Luz, la plaza, la Fachada actual de la Iglesia, de Mariano Estanca, la caseta de Telégrafos, Hornos de Cal o la Casona de Abrahán Trujillo, actual ayuntamiento.

Tanto en junio como en julio propuse senderos de Tenerife que conectaran con la costa, bien finalizando en una playa, Masca, o caminando por senderos costeros, Montaña Roja. De esta manera, quería transmitir cómo la idea de realizar senderismo, habitualmente relacionada en nuestra mente como la de caminar por la montaña, para nada implica esto, y cómo mediante ésta, en un mismo día podemos disfrutar de varias actividades. Disfrutar del paisaje, hacer ejercicio, descubrir nuestro entorno y aprender sobre él, pasar buenos ratos con amigos, familiares o con nosotros mismo, y por qué no, disfrutar al final de un día de playa, haciendo que nuestro día esté completo.

Este mes, para todos aquellos que aún no hayan comenzado sus vacaciones o estén planeando donde ir, quiero mostrarles como se puede escoger un destino en relación al senderismo. Para ello, muestro una pequeña descripción de cuatro senderos en dos lugares totalmente diferentes, el Pirineo aragonés y la isla de La Graciosa.

En ambos artículos quiero darle bastante importancia al contraste entre estos dos lugares de la geografía española. Al norte de España, el Pirineo aragonés, con sus paisajes verdes y plagados de flores, montañas altas, pueblos antiguos de piedra, valles glaciares y torrentes y ríos. Al sur de España, La Graciosa, isla volcánica, isla arenosa con increíbles playas, paisaje costero sin ningún árbol donde poder refugiarse del sol. Las imágenes hablan por si mismas.

En contraposición a la primera parte del artículo, Disfrutar del senderismo en vacaciones, en el que mostraba dos senderos en el Pirineo aragonés, este artículo versa sobre dos senderos en la isla de La Graciosa, que nos conducen a sus magníficas playas y nos muestran sus áridos paisajes.